Fue a principios de los años 90 cuando las mujeres gallegas dieron un golpe sobre la mesa y decidieron organizarse, una ola que llegó de forma arrolladora a Arousa. Lo hicieron de la forma más pragmática y que los hombres ya venían utilizando desde hacía décadas, las asociaciones. Rompían así barreras que las habían mantenido en un segundo plano durante años o incluso encerradas en sus casas en una segunda o tercera línea de la actividad vecinal. Ocurría esto, sobre todo, en aquellos entornos más rurales, en los que el acceso a actividades era más complicado y donde romper estereotipos (en este caso igual que en entornos urbanos) era todo una odisea. Directivas de las asociaciones de Mulleres Rurais de Cornazo, Bamio, Moraña, Corón y Castrelo conversaron en Diario de Arousa de aquellos inicios, de los retos que estos colectivos han ido superando con el paso de los años y de sus perspectivas de futuro. Todo en el marco de la conmemoración del Día da Muller y con la igualdad real como reto a conseguir y eje central de la conversación.
Fue entre el año 1992 y 1994 cuando se fecha el inicio de las primeras asociaciones de mujeres rurales. La presidenta del colectivo en Cornazo, María del Carmen Somoza, recuerda esos inicios como “moi duros”. Ella se estableció en la parroquia vilagarciana después de pasar unos años en Alemania en donde formaba parte de colectivos con mujeres. “Aquí non había nada”, señala. Fue a raíz de un curso de Patronaje promovido por el Concello de Vilagarcía cuando conoció a otras vecinas de la zona. Ese fue el germen de lo que es hoy Mulleres Rurais de Cornazo. “Daquela non había absolutamente nada no Concello sobre muller. Buscamos para facer os estatutos e fixemos a asociación. Non tiñamos local e, de feito, reuniámonos debaixo do palco da festa”, declara. Fue el estallido del asociacionismo femenino en el rural de la ciudad, impulsado a su vez por María Teresa Cuíñas, primero desde la Delegación Territorial de Medio Rural y más tarde desde el ámbito laboral. “Fixo un traballo inmenso e despois chegarían outras asociacións como a de Guillán, a de Bamio, a de Rubiáns...”, señala Somoza. Más tarde sería la edila Ramona Castaño la que lucharía porque todas tuviesen un local en el que guarecerse y realizar su actividad.
La presidenta de la asociación O Menhir de Moraña, Norma Caldas, indica que “foi parte dun proxecto político impulsado por Portomeñe dende a Xunta. Quería dárselle visibilidade á muller, que votara, que participara... Naquel momento houbo subvencións importantes para poñer en marcha as asociacións e facer actividades”.
“Hai mulleres maiores que aprenderon a ler e a escribir e incluso a nadar gracias aos nosos cursos”
Norma no lleva al frente del colectivo desde el principio, sino que lo cogió hace unos años. “Si que sei desas historias que che contan as que estaban de antes de que no seu momento esas asociacións eran “el no va más”, foi unha auténtica revolución e tamén unha liberación para a muller”, indica la morañesa.
En Cambados la asociación de Castrelo nació en 1994, pero recuerda Leonor Muñiz que “parou e logo collina eu hai dez anos”. Ahora puede presumir de una salud de lujo, con alrededor de 300 socias y un local de dos plantas con una programación que no para de crecer.
Todas, sin excepción, coinciden en que el nacimiento y fortalecimiento de las asociaciones de mujeres sirvieron para sacarlas de casa y, sobre todo en las socias primigenias y que ahora tienen más edad, para vivir experiencias que antes solo habían imaginado en sueños. Desde Mulleres Rurais de Corón tanto Luisa Carballo como María del Carmen Santamaría coinciden en que “os cursos son os que teñen tirón. Moitas xa che din que van non por facer mellor ou peor o labor, senón porque así saen da casa e distráense”. Además en este colectivo vilanovés también hacen un par de excursiones al año que “son todo un acerto” y tienen más de un centenar de socias.
“A principios dos anos 90 xurdiu a necesidade de que as mulleres estivesen presentes, que desen un paso adiante”
A María del Carmen Somoza de Cornazo lo que más satisfacción le produce después de tantos años al frente de la asociación son aquellos cursos de alfabetización que hicieron al principio, en los 90. “Neses cursos hai mulleres que aprenderon a ler e a escribir. Que despois me comentaban que pasaron de ver as fotos nas revistas a poder entender o que dicían. É algo que aínda me emociona”, indica. Y hay más. De esas mujeres muchas aprendieron a nadar gracias a la asociación. “Aprender a nadar foi toda unha revolución”, declara. En Moraña, por su parte, Norma Caldas incide en que le contaban que “había mulleres que ansiaban por ver o mar”. Un deseo a tan pocos kilómetros de distancia, pero tan lejano para muchas. “Ao principio escoitamos de todo. A min incluso me chegaron a zarandear e a dicirme que as mulleres tiñamos que estar na casa”, reconoce la presidenta de Cornazo.
Desde las Mulleres Rurais de Bamio tanto Isabel Rodríguez como Lola Dorrío indican que “aínda segue habendo machismo. Xa nos din que se facemos estas cousas, como por exemplo o proxecto das Louceiras que ten moita aceptación, é porque non temos que facer na casa”.
“Que as mulleres foran a excursións ou a ceas sen os homes era unha auténtica revolución para elas”
Todas coinciden en que la primera vez que organizaron cenas las socias les preguntaban “como é que non viñan os homes”. Leonor de Castrelo indica que “nas comidas no, pero nas cenas... ao principio só viñan 30 e agora somos máis de cen”. Lo mismo en las excursiones a las que al principio iban solo mujeres. “Para elas era como unha liberación. Xa nos dicían que querían vir de noite, para poñer o pixama, que as galiñas que as meteran dentro os homes”, se ríen recordando algunos momentos desde Bamio.
María del Carmen Somoza apunta que “unha veciña dalí dicía que xa que aprendera a ler e a escribir só lle quedaba de soño poder visitar unha das cidades de Galicia. Fomos a Coruña e para ela foi como hoxe en día ir ao estranxeiro”. Norma Caldas señala que cuando hacen documentales y hablan con mujeres de hace años que estas reconocen que al bajar de los autobuses en las visitas las había que gritaban “libres”. “Era como unha liberación”, destaca la morañesa.
Las presidentas de las asociaciones reconocen que “a día de hoxe o rural non é coma antes, que había moita diferencia coa cidade. Hai moitas actividades e moi diversas”. ¿Las que más funcionan? Todas responden al unísono: “Pilates, ioga... fan falta abrir varios grupos”, declaran.
Eso sí, también los tradicionales vinculados desde siempre a las mujeres como bordado y labores, recuerdan desde Corón.
Crear una plataforma para unir a todas las asociaciones de mujeres de la comarca es una idea surgida en la charla
Leonor Muñiz indica que “eu todo o que me ofrecen e me parece novo cólloo”. Señala que desde la asociación se promovió un curso de drones y que también se apostó por la baileterapia. En Moraña Norma Caldas indica que “temos cestería de diferentes zonas, tamén encadernación, facemos documentais... hai que ir adaptándose aos novos tempos. Se ves que a xente o pide e que funciona, pois adiante”.
En Cornazo un curso de Xeriatía e Axuda a Domicilio le abrió el mercado laboral a muchas mujeres. “Daquela para facelo si que pedimos unha subvención á Xunta de Galicia. Moitas, incluída eu, conseguimos traballo gracias a el”, recalca María del Carmen Somoza. Una formación que también se impartió en Bamio a través de las mujeres rurales. “Tamén fixemos cursos de galego”, recuerda la de Cornazo. Ahora uno de los novedosos es el de taichí, al que también se han apuntado hombres. Leonor Muñiz indica que “nos cursos non fago distinción, poden vir os homes, inda que a gran maioría son mulleres, por suposto. Nas cenas si que só mulleres”.
¿Hay relevo al frente de estas asociaciones en un mundo que ha cambiado mucho, pero en el que todavía hay mucho que avanzar? Todas coinciden en que, en general, la participación en los cursos es buena, pero que a la hora de ponerse al frente hay reticiencias. Además señalan que cada vez la burocracia para solicitar subvenciones y demás es más farragosa y que no siempre es fácil moverse en esos escenarios. “Sobre todo porque se traballa tamén e as asociacións quitan moito tempo, pero a min gústame”, reconoce Leonor. Algo a lo que también asiente Norma Caldas.
Es la cambadesa la que, casi al final de la conversación, deja en el aire uno de las cosas que le gustaría ver cumplidas. “Eu sempre digo que se debería haber unha plataforma de todas as mulleres rurais da zona”. La propuesta ahí queda.